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Coaching y Sócrates

Coaching - Aulaformacion

Como presentábamos en la sección de “coaching con propósito: Sócrates” uno de los métodos o instrumentos empresariales que debemos a Sócrates es el Coaching.

Analizamos la influencia del pensador y filósofo griego en este método de desarrollo de personas y de toma de decisiones que es el Coaching, y apuntamos algunos aprendizajes:

1. ¿Quién es Sócrates?: su influencia en el coaching.

Sócrates (470-399 a. C.) fue un filósofo griego considerado uno de los más importantes, tanto de la filosofía occidental como universal. Sócrates imprimió un giro en la historia de la filosofía griega, inaugurando el llamado período antropológico. Con el ser humano en el centro de sus reflexiones, y estudiando el fin supremo de toda acción humana: el bien (ética).

No dejó nada escrito, y los detalles acerca de sus enseñanzas son conocidos gracias a fuentes escritas como el historiador Jenofonte, y el filósofo Platón.

Es conocido, que pasó la mayor parte de su vida adulta deambulando por los mercados y plazas públicas. donde sostenía largas conversaciones con sus interlocutores. Y a quienes solía responderles mediante preguntas, que constituían la esencia de su sistema de enseñanza: la mayéutica y los razonamientos inductivos.

No actuaba como un maestro corriente, sino que buscaba estimular el espíritu de sus discípulos. Utilizaba la “ironía socrática” para que sus interlocutores cayesen en su propia ignorancia; “no se puede enseñar algo a quien cree ya saberlo”-afirmaba-. Y a partir de ahí iniciar un proceso de razonamiento hacia la verdad, en el que iba conduciendo sutilmente a sus interlocutores al descubrimiento (alumbramiento) de una respuesta precisa a la cuestión planteada. De modo que la verdad parecía surgir de su mismo interior por iniciativa propia.

2. Fundamentos del Coaching procedentes de Sócrates.

Tres son los fundamentos principales aportados al proceso metodológico del coaching:

a) Razonamientos inductivos a través de la dialéctica o conversación

El maestro planteaba conversación con alguien y procuraba ir sacándole las ideas que tuviese sobre algún tema o concepto.  La dialéctica procedía desde una definición menos adecuada hasta otra más adecuada, o de la consideración de ejemplos particulares a una definición universal.

A veces no se llegaba a ningún resultado definido, pero en todo caso la finalidad era la misma: la de lograr una definición universal y válida. Y como el razonamiento procedía de lo particular  a lo universal, o de lo menos perfecto a lo más, puede decirse que se trataba de un proceso ínductivo.

Ejemplos: ¿qués es lo que hacía en la práctica?

Ejemplo 1: Podía declararse ignorante en saber que es en realidad el concepto “la valentía”. Y preguntar a su interlocutor si poseía alguna luz sobre ello. O bien solía orientar la conversación en aquel sentido y cuando el otro empleaba el término valentía, Sócrates le preguntaba qué era la valentía, manifestando su propia ignorancia y su deseo de aprender. Su interlocutor había usado el vocablo; por consiguiente, debía de saber lo que significaba. Y cuando le daban en respuesta una definición o una descripción, Sócrates solía mostrarse muy satisfecho. Pero por lo común reparaba en que había una o dos pequeñas dificultades que le gustaría ver puestas en claro. Consecuentemente, iba haciendo preguntas, dejando que fuese el otro quien más hablase. Pero dirigiendo él mismo el curso de la conversación, de suerte que quedara patente, al fin, lo inadecuado de la propuesta definición de la valentía.

Ejemplo 2: Pongamos el caso de que se investigue, por ejemplo, la naturaleza sobre el concepto de “la injusticia”. Ante todo se aducen ejemplos: engañar, injuriar, esclavizar, y así sucesivamente. Se muestra después que estas cosas sólo son injustas cuando se hacen a los amigos. Pero surge la dificultad  que si alguien, por ejemplo le quita la espada a un amigo que en un acceso de desesperación quiere suicidarse, no comete ninguna injusticia. Como tampoco es injusto el que un padre se valga del engaño para conseguir que su hijo enfermo tome la medicina que le ha de curar. Parece, por consiguiente que las acciones sólo son injustas cuando se realizan contra los amigos y con la intención de dañarles.

b) Descubrir la verdad: la mayéutica.

Sócrates llamaba a su método “mayéutica” [“obstetricia o ciencia de las parteras”], no sólo por chistosa alusión a su madre (“parto o alumbramiento”), sino para expresar su intención de hacer que los demás diesen a luz en sus mentes ideas verdaderas, con vistas a la acción justa.

Siendo esto así se comprende fácilmente que Sócrates diese tanta importancia a la definición. No era un pedante sino que estaba convenido que para el recto gobierno de la vida es esencial tener un conocimiento claro de la verdad.

Quería promover el nacimiento de ideas verdaderas, en la clara forma de la definición,  no con fines especulativos sino con un fin práctico. De ahí su preocupación por la ética.

Según el propio Sócrates, su progenitora era una comadrona de cuerpos, ayudaba a dar a luz pero no daba a luz. Mientras que él era una comadrona de almas. Ayudaba a encontrar respuestas pero no daba respuestas.

Así nos dice: “Mi arte de partear tiene las mismas características que el de ellas, pero se diferencia en el hecho de que asiste a los hombres y no a las mujeres, y examina las almas de los que dan a luz, pero no sus cuerpos”. Y continúa: “Yo nada sé y soy estéril; pero puedo servirte de partera, y por eso hago encantamientos para que des a luz estimulado por éste”

Al igual que en el coaching, Sócrates conversaba con los interlocutores por medio de preguntas sutiles, para que tomasen conciencia sobre determinados aspectos y así llegar a la verdad de las cosas.

c) Interés por la ética

La adquisición de la sabiduría y virtud son sus piedras angulares. Sócrates trata de persuadir a sus interlocutores que “deben mirar por sí y buscar la virtud y la sabiduría, antes que andar procurando sus intereses particulares, y que ha de mirar más por la ciudad misma que por los intereses de ella  y que éste es el orden que debe observar en todas sus acciones”.

3. La metodología de Coaching según Sócrates

En la filosofía de Sócrates no existe el enseñar, sólo el aprender. Y con esa sencillez se describe hoy día lo que es la metodología del coaching.

Sócrates ayudaba a aprender a los demás haciendo preguntas a su interlocutor y dejando que encontrase la respuesta por sí mismo.

4. Figuras del Coach y el coachee

El coachee no aprende del coach, sino de sí mismo estimulado por éste que le ayuda a preguntarse y a responderse, a sí mismo. No aporta respuestas, ayuda a formular las preguntas. EI coach permanece a la sombra y queda en un segundo plano, mientras que el coachee es el protagonista de este proceso de acompañamiento.

como buen coach, no impone, no enseña verdades ni tesis para que sean aprendidas de memoria, no comunica doctrina alguna, sino que ayuda a sus coachees a que se conviertan en verdaderos filósofos (amantes de la sabiduría), através de la búsqueda de la verdad, de lo que más conviene.

5. El autoconocimiento

El punto de partida de un proceso de coaching se inicia cuando la persona (coachee) toma conciencia (y no niega la realidad) de que hay algo que cambiar. Nadie puede modificar lo que desconoce. El autoconocimiento es la base del desarrollo personal.

En la vida de Sócrates hay una historia que refleja este hecho: Querefonte -amigo de Sócrates- se desplazó al santuario de Apolo en Dlefos con el objetivo de que la pitonisa le indicara si existía algún hombre más sabio que Sócrates. La respuesta fue que no. Pero Sócrates, siempre humilde, intentó rebatir al oráculo su afirmación buscando a alguien más sabio que él. El resultado no fue satisfactorio y, el motivo no es otro que el filósofo era el único en reconocer lo mucho que le quedaba por aprender:”Es mas sabio, el que, entre vosotros, hombres, conoce, como Sócrates, que en verdad es digno de nada respecto a la sabiduría”.

La arrogancia intelectual es uno de los enemigos en los procesos de cambio y transformación personal. El coache en su labor debe enfrentarnos a nosotros mismos y hacernos ver que siempre hay margen de mejora. Sin autocrítica no hay crecimiento. La modestia socrática es clave y sólo con una actitud de humildad ante la vida se propicia la mejora personal.

6. Competencias del Coach

Un coach es alguien que tiene sabiduría de vida, que ve la jugada con perspectiva y sin el apasionamiento de la realidad inmediata. Y para ello se requiere experiencia. Haber vivido previamente lo que al coachee le ocurre ayuda a empatizar y ponerse en su lugar, y así ofrecer una mejor orientación.

Es cuestión de tener credibilidad. Sócrates dice: “No debemos preocuparnos mucho de lo que nos vaya decir la mayoría, sino de lo que diga el que entiende sobre las cosas justas e injustas, aunque sea uno sólo, y de lo que la verdad misma diga”.

7. Diálogos basados en el propósito.

Los diálogos buscan la mejor forma de vivir, la más digna, la que contribuye más al fin del hombre, y eso no se consigue sino mediante la conquista de determinadas virtudes, algo mucho más relevante cuando se está al frente de un equipo de gente, pues en las manos del líder está el destino de muchas personas.

Sócrates, con su particular forma de interrogar, hace que el coachee salga de su mundo, se encuentre consigo mismo y sepa mejor quién es y quién puede llegar a ser, dónde está, por qué está ahí y cuál es su propósito de vida.

En definitiva, el coach pretende que el coachee haga de su vida el mejor de los proyectos vitales posibles, que encuentre su lugar en el mundo y por qué merece la pena vivir, pues si uno no sabe muy bien adónde va y para qué, es difícil que encuentre argumentos de peso para hacer aquello que debe hacer para la consecución de sus metas.

8. La construcción de buenos hábitos a través del proceso de coaching.

Sócrates decía: “No hay que considerar lo más importante el vivir, sino el vivir bien”.

Y el vivir bien, no es otra cosa que la práctica de la virtud (hábitos buenos), que tiene mucho que ver con la moderación y el control oportuno. El ejercicio de la virtud, como siempre, posibilita el perfeccionamiento del hombre (felicidad) o, en su caso, la falta de práctica, lo contrario.

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